miércoles, 28 de agosto de 2013

Los kanguritos, el "arma secreta" de Mercurita



  Un día, Mercurita recibió una carta de un hada amiga, que le contaba su experiencia mágica en otra escuela, y de camino le preguntaba si se le ocurría alguna cosa divertida para animar el ambiente de unas fiestas que se iban a celebrar muy pronto. 

   A la traviesa hada se le ocurrió que unos explosivos serían una buena opción. Pero aprovechando sus conocimientos mágicos quiso crear unos de invención propia. Estos debían de explosionar, rebotar, y hacer otra explosión. Con un poco de suerte, también una tercera. Por ese motivo los bautizó como "Kanguritos". 

   Como también tenía habilidad suficiente para abrir cerraduras, abrió la del viejo desván de la escuela, que usa como taller para sus experimentos e invenciones. Ahí está tranquila, lejos de las miradas de los curiosos. Tras un par de intentos, consigue lo que buscaba. Son inofensivos, salvo por el ruido, y si le impactan a alguien en el rostro. Piensa que antes de mandárselos a su amiga, hay que probarlos. Una cosa es la teoría, y otra, la práctica. 

   Escoge un sábado por la mañana para realizar la prueba en el patio de la escuela. Piensa que apenas habrá gente, y no tendrá mucha importancia. Por desgracia no es así. El atareado jefe de estudios y profesor de matemáticas se ha visto obligado a aplazar un importante examen que tenía con unas alumnas adolescentes, hasta ese día.

   En cuanto escucha las explosiones, se desespera. Manda a una alumna de confianza, para que llame a la bibliotecaria, y ocupe su lugar. El buscará a la culpable, que a juzgar por el ruido de las explosiones, debe encontrarse en la zona donde están las niñas. Intuye con acierto a que ha sido Mercurita. Solo ella es la alumna menor más capacitada para hacer travesuras de ese tipo. La llama a gritos y le pide que baje. La castiga a hacer el mismo examen que las adolescentes. Para su sorpresa, la traviesa hada termina enseguida, por lo que le pone otro más difícil, además de prohibirle salir a la calle ese fin de semana.



   Cuando la directora es informada de la travesura, se plantea expulsar a la niña. Pero Fando, el jefe de estudios, intercede por ella y consigue evitarlo. La broma ha estado a punto de costarle cara a Mercurita.



   Los kanguritos están envueltos en unos trozos de papel endurecido, pintados con vivos colores según el gusto de Mercurita.